martes, 17 de abril de 2007

UNA ODA A LA TRISTEZA

Cuando se escucha música en francés se tiende a rememorar la imagen cliché de una nostálgica caminata cerca de la Torre Eiffel y una tarde nublada de otoño, en Paris.

Ne me quitte pas, sin embargo, trae otros aires al recuerdo. Jacques Brel es el cantante belga por antonomasia. Su voz, gruesa y potente, pero a la vez dulce, ha marcado generaciones e historias incontables.

Este hombre no fue sólo un cantante, también se destacó por su trabajo como cineasta y actor en la época del cine de vanguardia europeo. Su talento más grande fue sin duda el de la palabra; sus letras cargadas de tristeza y poesía con palabras directas que penetran la piel de quien las escucha.

En 1959, el artista belga escribió la canción que lo haría inmortal: Ne me quittes pas. Con este tema, Brel ruega a su amada que no se vaya; para convencerla, le promete hacerla una reina y regalarle perlas de lluvia venidas de países donde no llueve y cruzar La Tierra hasta después de su muerte para cubrir su cuerpo de oro. En cinco estrofas, escribe la oda a la desesperación más triste que jamás se escuchó.


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